La Herencia de Carmen y Manolo
Me gustaría compartir una historia que tiene que ver con las emociones, los rencores y como se gestionan a través de los recursos legales que nos ofrece el sistema. En muchas ocasiones los abogados tratamos de ayudar, de resolver, de facilitar pero al final hay que atender las necesidades de sus clientes, que eligen o no el camino más acertado.
Estamos hablando de hace muchos
años. Manolo estaba casado y tuvo tres hijos. Cuando estos eran mayorcitos
conoció a Carmen, se enamoró perdidamente y dejó a su familia. Los hijos de
Manolo nacieron antes de 1936, por dar algún dato. Carmen también. Se casaron y estuvieron juntos hasta la
muerte de Manolo. No tuvieron hijos. Cuando falleció Manolo, Carmen quedó como
usufructuaria de los bienes que tenían en común, que finalmente quedaron en un
humilde piso de 70 metros. Los dineros a repartir no eran tantos. Carmen
sobrevivió doce años a Manolo. Vivió en su casa hasta que finalmente falleció.
En el reparto de la herencia los herederos de cada 50% eran diferentes. Del 50%
de Manolo lo eran sus 3 hijos, ya septuagenarios, y del 50% de Carmen sus tres
hermanos, septuagenarios también.
Problemas siempre hubo pues como
ocurre en muchas herencias por pequeñas que sean salen a la luz heridas que no
han cicatrizado a lo largo de los años. La relación de Manolo con sus hijos
nunca fue buena y en un cierto momento trató de manera legal de poner su
patrimonio a nombre de Carmen. Perdimos el juicio. Años en los tribunales
peleando por poca cosa, pasando el tiempo y al final, cuando falleció Carmen,
enfrentando a ambas partes.
Cuando finalmente se asume que el
reparto debe hacerse al 50% entre los herederos de ambos, uno de los hermanos
de Carmen es diagnosticado con una enfermedad degenerativa crónica y procedemos
a su incapacitación. A las dificultades y desavenencias surgidas y alimentadas
durante más de 10 años se une el hecho de que una vez que hay una persona incapacitada,
su representante legal o tutor no puede aceptar una herencia sin autorización
judicial ni posteriormente puede vender lo que le correspondiera sin el visto
bueno del Juez. Esto ha supuesto otros dos años más para liquidar una herencia
entre seis herederos. En total doce años de conflictos, juicios, desgastes y
disgustos personales y mucho dinero gastado en procedimientos judiciales así
como en el mantenimiento y pago de cuotas de la vivienda.
La falta de entendimiento entre
las partes nos lleva al juzgado. Los tribunales no entienden de prisas ni de
razones no legales. Tratan de proteger a los más débiles, algo muy valioso de
nuestro sistema por cierto. Pero muchas veces el esfuerzo a realizar es tan
grande que más hubiera valido un buen acuerdo.
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